Rocío, romería de El

Romería de ‘El Rocío’. Popular romería que se celebra anualmente en el término del municipio español de Almonte (Huelva), en la ermita de la Virgen del Rocío. Son características las carretas y cabalgaduras engalanadas con flores.

Redemptoris missio

Redemptoris missio. Carta encíclica de Juan Pablo II sobre la permanente validez del mandato misionero de la Iglesia en el mundo contemporáneo. Fue promulgada el 7 de diciembre de 1990, en el vigésimo quinto aniversario del decreto conciliar Ad gentes e invita a todos los cristianos a un renovado empeño misionero. Entonces tiene una finalidad interna en la Iglesia, disipando dudas sobre la urgencia de la actividad misionera y pujándola en sentido específico, contextualmente al derrumbamiento de las ideologías, a la apertura de las fronteras, al incremento de los medios de comunicación social. Examina en particular la necesidad de conciliar la fidelidad al mensaje evangélico con la valorización de la identidad cultural de los pueblos a los cuales la acción misionera se dirige; considera parte integrante de la misión evangélica el diálogo interreligioso, entendido como método para el conocimiento y para el enriquecimiento recíproco; solícita a los responsables y los operadores de la pastoral para una plena participación de todas las comunidades y de los singulares fieles en la obra de cooperación misionera.

La curia romana

Curia romana. En su origen, la administración del obispo de Roma era similar al resto de obispados, pero tras la paz de Constantino del s. IV, la curia empezó a organizarse como una corte imperial. A fines del s. XIII, el consejo ordinario del papa estaba constituido por cardenales, cuyas reuniones se llamaban consistorios. Los papas de Aviñón hicieron más compleja la curia, pero fue Sixto V quien la transformó confiando el trabajo de la curia a las congregaciones en cuanto organismos especializados. Pío X procedió a una nueva reforma y Pablo VI introdujo los últimos cambios en 1968: reforzó la figura del secretario de Estado, separó la Secretaría de Estado del Consejo para los asuntos públicos, reorganizó las congregaciones, incorporó a la curia los secretariados ecuménicos, creó una prefectura de economía y una oficina estadística e internacionalizó los cargos curiales. Los cargos mayores se nombraban para cinco años, renovables si así lo decidía el papa. Tales cargos cesan con la muerte del pontífice, aunque su sucesor puede confirmarlos.

Derecho canónico: la curia romana. Entre los s. IV y VII, la organización de la Santa Sede no era diferente de la de los otros obispados y resultaba compuesta por miembros del clero romano y de diáconos regionales, encargados de la preparación de las cartas, del cuidado de los bienes de la Iglesia Romana, de la custodia del Laterano, no de obras benéficas. Durante los s. VII y VIII, bajo la influencia bizantina, el episcopium se transformó en patriarchium lateranense. Magistratura típica del patriarchium era el colegio de los siete jueces del clero o palatinos, cargos rectos, de prevalencia, por los miembros de la aristocracia romana. A partir del s. IX, la organización de Laterano se modificaba nuevamente, sobre el modelo del Imperio carolingio. Desde el 813 en adelante, el patriarchium se sustituye gradualmente por el sacrum palatium lateranense. Evidentemente, detrás de estos cambios de nombres, se esconde una evolución muy profunda del mismo concepto del papado y de los propios deberes. Las características del sacrum palatium – donde la base ideológica fue alimentada por la falsa donación de Constantino – son varias: el destaco progresivo del ambiente de la aristocracia laica romana y la búsqueda de una relación más estrecha con el episcopado. Máxima carga era la del bibliotecario, a par en grado con el archicanciller imperial. Con la serie de los papas alemanes, en la mitad del s. XI, también las relaciones entre el sacrum palatium y el Imperio se refuerzan, pero estropeadas las relaciones entre papado e Imperio, a la muerte de Enrique III, la imitación del modelo imperial va a menos.

La nueva eclesiología y la lenta formación del colegio de los cardenales que, a partir del s. XII, participó regularmente – en el ámbito de los consistorios – en las decisiones más importantes del papado, llevaron como consecuencia necesaria también a la reestructuración de la organización, que desde entonces (1089) se llamó curia romana. Hasta este momento en el ámbito de la curia romana no existían organismos particulares (es erróneo hablar de la existencia de una cancillería papal antes del s. XII); las diversas funciones (cancillerescas, financieras, judiciales, etc.) se desarrollaban expresamente por personas encargadas. En el s. XII, con el aumento de los asuntos, se hizo necesario institucionalizar las dos funciones más importantes, las relativas a la correspondencia y a las finanzas, erigiendo la Cancillería y la Cámara. De las causas judiciales, antes de la institución de los tribunales, se ocupaba el consistorio. Entre el s. XII y el XVI puede seguirse en la curia romana esta línea de evolución: entorno a las personas adecuadas a las singulares funciones se forman gradualmente los organismos siempre más complejos: la competencia del cardenal penitenciario fue dividida por el tribunal de la penitenzieriaPenitenciaría; los secretarios del papa en el s. XV se dividieron en dos cuerpos distintos, dando lugar a las instituciones respectivamente, en el s. XV, la Secretaría Apostólica y, en el s. XVI, la Secretaría Secreta; las funciones de los capellanes pontificios y los auditores de las causas del Sagrado Palacio pasaron al tribunal de la Sagrada Rota; los referendarios encargados de las súplicas presentadas al papa formaron los dos tribunales de la Signatura; entorno al oficial de la Cancillería, encargado de poner las fechas en las súplicas, se formó en el s. XVI la Fecharía. Sixto V, en 1588, dio un nuevo giro a la organización de la curia romana, estableciendo quince Congregaciones permanentes encargadas de los asuntos de gobierno tanto de la Iglesia, como del Estado y confiando la dirección a los cardenales. El consistorio no trató más todos los grandes asuntos de la Iglesia y del Estado y el gobierno pasó del ejercicio colegial – papa y cardenales – al personal del papa, mientras los cardenales participaban directamente en la actividad de la curia romana. El número de las Congregaciones ha cambiado en el curso de los siglos y sensibles modificaciones asumieron también las respectivas competencias. Junto a las Congregaciones asumieron precisos contornos las Secretarías, entre las cuales se encuentra el organismo central de la actividad política del papado. Las otras Secretarías (Secretaría de los Breves, de los Breves en los principios, de las Cartas latinas, de los Memoriales) desarrollaban determinados sectores con correspondencia de los papas. En un proceso de tiempo la curia romana se había convertido en un aparato burocrático muy complejo, en cuyo ámbito no había una clara distinción entre las singulares competencias. La venalidad de muchos cargos y el hecho que las mismas prácticas debían pasar a través de más congregaciones hizo ver muy pronto la necesidad de un arreglo de los cuadros. Fue san Pío X, en 1908, el que realizó una reforma general de la curia romana en la estructura y en el funcionamiento sobre la base de los siguientes criterios: separación de la jurisdicción judicial por la administrativa; supresión de las congregaciones no necesarias e instituciones nuevas; reordenamiento de las competencias, teniendo presente la exigencia de confiar las materias afines a un solo organismo; simplificación del procedimiento burocrático. En 1967, Pablo VI procedió a una nueva reforma, informada con el tentativo de concebir la curia romana en una dimensión no sólo jurídico-administrativa, sino también pastoral. De ahí la introducción, junto a los órganos administrativos tradicionales (congregaciones, tribunales, oficinas), de los tres Secretariados para la unión de los cristianos, para los no-cristianos y para los no-creyentes, el Consejo de los laicos y la Pontificia Comisión “Iustitia et pax”, la introducción en los cuadros ya existentes de obispos residenciales y de un personal internacional.

 

Santo Sepulcro

Santo Sepulcro. La tradición dice que la tumba fue redescubierta por santa Helena, madre del emperador Constantino. Según una antigua tradición cristiana, Constantino, en el 325, hizo construir sobre el terreno del Santo Sepulcro, la Iglesia de la Resurrección. La actual, aunque posee algún elemento del s. XII, se remonta a los inicios del s. XIX. Históricamente, la liberación del Santo Sepulcro del dominio de los no creyentes fue una de las motivaciones de las cruzadas.

Santos Lugares

Santos Lugares. Lugares de peregrinación desde el comienzo del s. IV, fueron invadidos por los persas (614) y los árabes (634) y ocupados por los cruzados (ss. XI-XII). Entre los principales: Jerusalén con la iglesia de Santa Ana, la piscina de Betsaida (333), el Santo Sepulcro (s. IV, reedificado en el s. XII), la tumba de la Virgen y el Cenáculo; Belén con la basílica de la Natividad; Betania, Jericó, Emaús; Nazaret con la iglesia de la Multiplicación y Cafarnaúm con la sinagoga. El dominio político de estados no cristianos dio origen a conflictos tanto entre las diferentes comunidades cristianas interesadas en su tutela, como con otras religiones -el islamismo y el judaísmo- para las que Jerusalén es también la ciudad sagrada.