salvador

salvador En el Antiguo Testamento el término se usa en los personajes que son capaces de evitar un grave peligro que incumbe en la colectividad: estos no son autores, sino instrumentos de la salvación, que siempre se reivindica a Yahvé. En el Nuevo Testamento el término Salvador se encuentra pocas veces y se aplica a Jesús (Lucas 1, 47; I Epístola a Timoteo 1, 1; 2, 3; 4, 10), que se presenta con esta tipología: el Salvador no es una figura legendaria, sí un hombre real; la obra del Salvador no está dirigida a unos pocos, sino que dilata la universalidad de los hombres; el Salvador no resuelve una situación particular, sino que define siempre la posición del hombre delante de Dios; el Salvador cumplirá su obra delante de la inminencia del juicio universal ayudando a sus creyentes empeñados en la última prueba; el Salvador es un vencedor y a él se le debe obediencia.En el Antiguo Testamento el término se usa en los personajes que son capaces de evitar un grave peligro que incumbe a la colectividad: éstos no son autores, sino instrumentos de la salvación, que siempre se reivindica a Yahvé. En el Nuevo Testamento el término Salvador se encuentra pocas veces y se aplica a Jesús (Lucas 1, 47; 1 Timoteo 1, 1; 2, 3; 4, 10), que se presenta con esta tipología: el Salvador no es una figura legendaria, sí un hombre real; la obra del Salvador no está dirigida a unos pocos, sino que se dilata a la universalidad de los hombres; el Salvador no resuelve una situación particular, sino que define siempre la posición del hombre delante de Dios; el Salvador cumplirá su obra ante la inminencia del Juicio universal ayudando a sus creyentes sometidos a la última prueba; el Salvador es un vencedor y a él se le debe obediencia.

ejercicios espirituales

Ejercicios espirituales. Complejo de prácticas ascéticas entendidas en la santificación personal. Generalmente se inspiran en el método introducido por San Ignacio de Loyola en su célebre libro Ejercicios (1548), donde algunas anotaciones de carácter propedéutico hacen seguir las meditaciones, constituyentes el núcleo de la obra (subdividida en cuatro semanas), y de las reglas integrales. Hacen participar en los ejercicios espirituales a los sacerdotes, al menos una vez cada tres años, y los religiosos, al menos una vez al año, pero no a aquellos que están esperando recibir las órdenes sagradas. Regularmente duran cinco días y el recogimiento se favorece de la regla del silencio. Su práctica encuentra el favor también entre los laicos.Ejercicios espirituales, complejo de prácticas ascéticas de santificación personal. Generalmente se inspiran en el método escrito por san Ignacio de Loyola en el Libro de ejercicios espirituales (1548), que dividido en cuatro semanas precedidas por un “principio y fundamento”, consta de una serie de meditaciones y de un conjunto de advertencias o reglas prácticas. Su ejercitación es obligatoria para los sacerdotes al menos una vez cada tres años, y para los religiosos, al menos una vez al año, pero no para aquellos que están esperando recibir las órdenes sagradas. Habitualmente duran cinco días y el recogimiento se favorece con la regla del silencio. Su práctica es únicamente aconsejada para el caso de los laicos.

don

don Teologia. Los dones del Espíritu Santo son facultades concedidas gratuitamente por Dios al hombre con el fin de pensar y actuar recta y cristianamente. Distinguidos específicamente por las virtudes y considerados necesarios para la salvación, los dones del Espíritu Santo están, según la teología católica, relacionados con la caridad y se incrementan por ella. Se distinguen siete: sabiduría, facultad con la que juzgamos rectamente sobre Dios y sobre las cosas divinas, sobre todo en función de la caridad; intelecto, surgida por luces sobrenaturales por la íntima comprensión de las verdades reveladas; consejo, don que integra la prudencia y es indispensable en los momentos decisivos de la vida espiritual; fortaleza, don que perfecciona la homónima virtud natural, expresado, por ejemplo, por el martirio; ciencia, dada generosamente como norma de vida práctica en función de la fe; piedad, integrativa de la virtud de religión y que nos hace considerar a Dios como padre; temor de Dios, que mantiene lejos al hombre del pecado y lo empuja a invocar la ayuda divina. Los dones preternaturales son las condiciones de privilegio recibidas inicialmente por Adán y Eva en su estado de inocencia junto a los dones sobrenaturales (gracia santificante, virtudes infundidas, dones del Espíritu Santo). Los dones preternaturales que sólo Dios puede producir gratuitamente en el hombre, se llaman así porque, aún no siendo superiores a la naturaleza divina, están fuera de lo debido a ella. Se distinguen cuatro: inmortalidad (Sabiduría, 2, 23, 24; Carta a los Romanos 5, 12-17); inmunidad al dolor (Génesis Y, 26; II, 8, 15), aparecido después como fruto del pecado (Génesis 3, 19); inmunidad por la concupiscencia desordenada (Epístola a los Romanos 6, 22); inmunidad a la ignorancia ( Summa Theologica, I, q. 94a. 3, 4); A pesar de que Adán fuera susceptible de ulteriores perfecciones, había sido creado adulto y su inteligencia ya estaba desarrollada. Estos dones preternaturales, que habrían tenido que ser transmitidos por Adán a los descendientes con la naturaleza humana (Concilio de Trento, sesión V, cánones 1 y 2), se perdieron con el pecado original.Los dones del Espíritu Santo son facultades concedidas por Dios al hombre con el fin de pensar y actuar rectamente. Son siete: sabiduría, con la que juzgamos rectamente sobre las cosas divinas; intelecto, surgida de la comprensión de las verdades reveladas; consejo, don que integra la prudencia; fortaleza; ciencia, norma de vida práctica en función de la fe; piedad, que hace considerar a Dios como padre; temor de Dios, que mantiene lejos al hombre del pecado. Los dones preternaturales son las condiciones de privilegio recibidas inicialmente por Adán y Eva en su estado de inocencia junto a los dones sobrenaturales y perdidos con el pecado original; son cuatro: inmortalidad, inmunidad al dolor, inmunidad por la concupiscencia desordenada e inmunidad a la ignorancia.

Dominum et vivificantem

Dominum et vivificantem, encíclica del papa Juan Pablo II, publicada el 18 de mayo de 1986. Trata del Espíritu Santo y completa la “trilogía trinitaria” iniciada con la Redemptor hominis, dedicada al Hijo, y con la Dives in misericordia, dedicada al Padre.

Dives in misericordia

Dives in misericordia, encíclica del papa Juan Pablo II. Publicada el 30 de noviembre de 1980, tiene por tema la misericordia divina, entendida no sólamente como la revelación de un amor por el hombre culminante en el sacrificio de Cristo, sino también como la más perfecta encarnación de la justicia entre los hombres.